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martes, 9 de febrero de 2016

INFIERNO

Hoy tengo algo que decir a todos aquellos religiosos que tienen la mania de sacar a colación el infierno en los debates o conversaciones. A todos aquellos que te advierten de que si no sigues los consejos que, según ellos, su deidad concreta y específica impone, estarás condenados a sufrir eternamente una indecible e inimaginable tortura.

A todos vosotros, tengo algunas cosas que deciros, y os las voy a decir. Si eres un creyente de ese tipo y alguien te ha enlazado este artículo, es porque has hecho exactamente eso, y quien te lo haya enlazado opina exactamente lo mismo.

Quiero dejar claro que no hablo de todos los creyentes en dioses, sino de solamente aquellos que te amenazan con un infierno solo por no creer en lo que ellos creen. Si crees que cada uno es libre de creer o no creer, y que lo importante es ser buena persona, y no lo que esa persona crea o no crea, enhorabuena. Me caes bien.

1. Ad Baculum

Se conoce como falacia ad Baculum al argumento que implora al miedo al castigo para dar validez a la premisa sobre la que se asienta. Este sofisma se ve muy bien representado en el caso que nos atañe:
Si no crees en Dios / Alá / Jehová / Yahvé / la Gran Tetera, arderás eternamente en el infierno.
 La amenaza de tortura eterna no valida, de ningún modo, la existencia del personaje citado previamente. La amenaza con el infierno no hace a tu deidad algo real, y por supuesto, amenazarme con una tortura eterna no va a hacer que crea en tu deidad.

2. Tortura para el alma

Hay un problema en el argumento de la tortura eterna. Y es que ésta siempre llega después de que muera. Es decir, no me estás amenazando con torturarme hasta que muera, sino con que voy a ser torturado una vez haya muerto.

Y eso genera un pequeño problema. Y es que yo ya estaré muerto. Y no hay forma en que puedas torturar a un muerto. Bueno, puedes intentarlo, puedes cortarlo en pedazos, quemarlo, echarlo en un tanque con ácido… puedes meterle palillos entre la uña y el dedo si quieres. Al muerto le va a dar igual, ya está muerto. No vas a obtener ninguna reacción. No le vas a hacer daño. No le vas a conseguir torturar. Porque está muerto.

Pero es una tortura para el alma

Eso tampoco tiene sentido. Suponiendo muy laxamente que definimos "alma" como el conjunto de nuestras emociones, de nuestros pensamientos, de nuestra conciencia, o incluso la imaginación; si definimos "alma" como cualquier conjunto de aspectos cognitivos o mentales; consideremos como lo consideremos,  el "alma" no es más que un conjunto de reacciones fisicoquímicas y biológicas de un órgano llamado cerebro. Un órgano que muere en el momento en que nosotros muere. Cuando el cerebro muere, todas esas reacciones fisicoquímicas y biológicas, todo pensamiento e idea, todo rastro emocional o de conciencia, todo sentimiento y todo producto imaginativo, cesa. 

Creer que un cerebro muerto puede pensar equivale a creer que un estómago muerto puede digerir.

Y si intentas definir el alma como algo más allá de la mera biología, te encuentras con un problema: no puedes demostrar su existencia. La navaja de Ockham nos invita a rechazar cualquier entidad cuya existencia sea innecesaria y no esté demostrada, y la navaja de Hitchens nos lleva a su vez, a rechazar cualquier argumento que incluya este tipo de afirmaciones no demostradas.

Pero supongamos que de algún modo fuese posible sufrir una tortura eterna… Vamos a apartar este incómodo aspecto y dar el paso siguiente, a sabiendas de que ningún paso por delante de este tiene ya sentido alguno.

3. La misericordia de la tortura eterna

¿En qué tipo de mente enferma cabe pensar que una persona merece una tortura eterna sólo por no aceptar una evidente fantasía?

Sólo por usar su cerebro de forma racional; solo por no aceptar la existencia de aquello cuya existencia no está adecuadamente probada —o que según como lo definas, es demostrable su inexistencia—; sólo por ser capaz de pensar por mi mismo, ya crees que merezco un indescriptible tormento para siempre (y eso es mucho, mucho tiempo). Con eso estás destrozando la idea de que tu dios sea bueno y misericordioso.

Un dios bueno no torturaría a nadie. Un dios misericordioso perdonaría a la gente las cosas malas. Pero sobre todo, un dios bueno y misericordioso no condenaría a alguien solo por pensar. ¿Por qué un dios crearía a una persona con un cerebro, para condenarlo después sólo por usar ese cerebro de forma racional? Cuando yo quiero que alguien me conozca, me presento, me doy a conocer. ¿Si tan importante es para esa deidad que la gente le conozca y crea en él, por qué no aporta evidencias de su existencia? ¿Por qué no se presenta y se da a conocer, demostrando ser quien dice ser? 

Y dado que no ha hecho nunca tal cosa, ¿bajo qué autoridad puede ese dios condenar a alguien que no cree en él, si él no ha demostrado existir nunca? 

Veamos. Es como si yo digo que tengo una pelota saltarina que, cuando la dejas caer sin aplicarle fuerza alguna, y tras rebotar, sube más alto que el punto inicial desde el que cayó. ¿Suena absurdo? Lo es. Es algo que viola las leyes de la física. Sin embargo, te digo que creas que esa pelota existe. Te exijo que creas en la existencia de esa pelota mágica capaz de crear energía. No te voy a enseñar la pelota. Nunca te la voy a mostrar. Pero si no crees que esa pelota existe, te torturaré.

¿Tiene sentido?

Pero no es dios el que te condena, tú eres libre y te condenas tu mismo por no creer, por eso se le llama el salvador.

Eso es un absurdo. Si soy libre de ser condenado o no, elijo inmediatamente no ser condenado. Sin embargo, no funciona así, ¿verdad?

Por supuesto que —en el irreal escenario en el que estamos— es la deidad la que te condena. Por supuesto. Y puedo explicarlo.

Según los mitos, es dios el que crea el infierno. Según los mitos, nada puede suceder que sea contrario a la voluntad de ese dios. Y de nuevo, según los mitos, es dios el que establece las normas según las cuales, la gente va al cielo o al infierno.

Dios es un mafioso.

Es un mafioso que te obliga a aceptar una ayuda que no necesitas a cambio de que le pagues un dinero que no puedes pagar.

Una ayuda que nunca llega.

Y que cuando no tienes dinero, te lleva al sótano con varios de sus matones, y te dice con tranquilidad: «tienes que pagarme, porque si no lo haces, te tendré que arrancar los dientes, dislocar los dedos y partir las piernas».

Ese es dios. Es el que crea un escenario según el cual, o haces lo que él te dice, o te condena. 

Esa ayuda que no necesitas se llama religión. Ese dinero que no puedes pagar se llama fe. Y ese jefe mafioso es dios. Y si sus matones (a.k.a. "demonios") te terminan arrancando los dientes, dislocando los dedos y partiendo las piernas, no eres tú el que ha elegido eso. Tú no eras libre de elegir entre la tortura o la salvación. Y de ninguna manera, tú no eres el causante de que te partan las piernas, te arranquen los dientes y te disloquen los dedos.

Porque a lo mejor tú, creyente, sí que puedes pagar ese precio que es la fe, pero yo no tengo fe. Yo no puedo pagar a ese mafioso.

Y eso me lleva al último de los problemas.

4. Culpabilizando a la víctima

El punto 3 era, obviamente, ficticio. Yo no creo en la existencia de ese dios, ni tampoco creo en la existencia del infierno. No considero que exista modo alguno en que un muerto pueda ser torturado, ni veo tampoco ningún crimen en el ateísmo que justifique una tortura.

Pero hay gente que lo cree.

Que lo cree fervientemente.

Y eso genera un problema.

La culpa de que vayas al infierno es tuya, por no aceptar a tu salvador. Tú eres el responsable de lo que te pase.

Esa gente cree que la culpa de que el mafioso te rompa las piernas, es tuya. Que tú eres libre de pagar o no pagar, y que sabías que no pagar te iba a llevar a ser torturado, y que el último responsable de que sufras esa tortura eres tú, por no pagar.

Y eso no solo es enfermizo, sino que da cuenta de algunos problemas que no son difíciles de ver en la sociedad moderna.

Porque si una chica es violada, la culpa es de su violador, no de ella. Aunque la chica fuera vestida "demasiado fresca".

Porque si un niño es acosado por sus compañeros de clase, la culpa es de sus acosadores, no de él. Aunque el chico sea el favorito de los profesores y no sepa pelear.

Porque si un hombre es matado por otro, la culpa es del asesino, no de él, aunque el fallecido tuviera una deuda millonaria con el homicida.

Porque si una mujer es maltratada por su marido, la culpa es del bastardo maltratador, no de ella por no querer hacerle la colada.

La chica puede vestir como le de la gana, y eso no te autoriza a violarla. El niño puede ser como sea, que eso no te da derecho alguno a acosarlo. Si tienes un problema porque ese señor te debe dinero, pídeselo o llévalo a los tribunales, pero no tienes ningún derecho a matarlo. Y esa mujer es libre de hacerte la colada si quiere, y si no quiere hacerlo no hay autoridad ninguna que le obligue a ello; te la haces tú, que tienes manos; que ella se niegue no te da derecho a levantarle la mano.

Las religiones abrahámicas tienen interiorizada esa tendencia a culpabilizar a la víctima. La tienen muy profundamente interiorizada, ya que esa es la base del infierno. Si no sirves a dios caes al infierno, y si caes al infierno es culpa tuya.

Pues no me da la gana.

Si ese es vuestro dios, me parece un personaje deplorable, miserable, malévolo y ruin. Tu dios es el violador. Tu dios es la panda de niños acosadores. Tu dios es el cerdo maltratador. Tu dios es el asesino.

Tu dios no es ningun juez. El que se sienta en el banquillo de los acusados no puede ser juez.

Y si vuestro dios existiese, me encantaría tenerlo delante solo para poder decírselo. Porque total, iría a terminar igualmente en el infierno, y no hay nada peor. ¿no?

5. Respetando personas, no creencias

Solo me queda una cosa que me ronda la cabeza con este tema. Es una pregunta que me encantaría que algún creyente en el infierno me respondiera, aunque nadie aún lo ha hecho satisfactoriamente.

¿Por qué quereis ser mis enemigos?

Yo respeto a las personas.  Yo respeto a las personas por lo que son: miembros de mi misma especie que merecen recibir de mi lo mismo que a mi me gustaría recibir de los demás.

Yo no respeto las creencias. No considero que ninguna creencia sea respetable sólo por ser una creencia. Para que una creencia sea respetable, se tiene que ganar el respeto. Por ejemplo, la creencia de que los judíos / los negros / los homosexuales / las mujeres / los rubios son inferiores al resto, no merece ningún respeto. Se siente. Respetaré, de entrada, a la persona, crea en lo que crea, en tanto en cuanto él no falte al respeto. Pero de ningún modo puedo respetar esa creencia.

Las creencias, por ser creencias, no tienen por qué ser respetadas.

Sin embargo, muchos religiosos anteponen las creencias por encima de las personas. Creen que su creencia merece más respeto que las personas. Eso lo he visto cientos de veces. Y el motivo es este mismo: si no crees lo que yo creo, mereces el infierno.

¿Por qué?

¿Por qué quieres ser mi enemigo?

En el momento en que me dices que merezco el infierno estás atacándome de forma abierta y directa. Estás faltando el respeto a mi persona de una forma brutal. Y lo estás haciendo únicamente porque no comparto tu creencia. ¿Te das cuenta? Estás valorando tu creencia por encima de a la persona que tienes delante.

¿Por qué lo haces?

En el mismo instante en que consideras que merezco ser torturado para toda la eternidad estás trazando una linea entre tu y yo. Estás colocando una barrera que además solo va en un sentido: tú contra mi.

No me verás a mi trazar esa barrera basándome en lo que creas o no creas. No. Yo esa barrera la trazaré en función de tus actos, no de tus creencias. Puedo respetar tus creencias o reprobarlas, pero nunca diré que mereces ser torturado solo por creer en algo en lo que yo no creo.

¿Por qué trazas esa linea? ¿Por qué colocas esa barrera? ¿Por qué me infravaloras de ese modo? ¿Por qué me deseas cosas malas? ¿Por qué no podemos ser amigos?

Pero es que yo no creo que merezcas el infierno sólo por no creer en dios.

Entonces no tengo ningún problema. Seamos amigos. Aunque has de saber que la Biblia es muy clara con ese tema, tal vez tú, en tu mente, reinterpretas las "sagradas" escrituras, cogiendo solo lo bueno y rechazando lo malo. Y eso está muy bien (aunque la Biblia prohibe hacerlo). Demuestra que eres muchísimo más moral que el dios de la Biblia leido de forma literal. Enhorabuena.

Esto último lo digo por todos aquellos que, creyendo en algún dios abrahámico, siguen siendo personas coherentes que aceptan a los demás sean como sean.


2 contribuciones:

Unknown dijo...

Simplemente... Excelente

Rodrigo González dijo...

Resulta cansino tener continuamente que explicar el absurdo de las religiones. Como cualquier otro producto cultural, también evolucionan (las deidades de hace 4.000 años no tenían las características de las de ahora): una "vida" tras la muerte no era un concepto universal...
En fin, creo yo más bien en el ansia humana de diferenciarse, de buscar rasgos o marcas de nuestro grupo frente al vuestro (esa función la pueden desempeñar las creencias, las características físicas o aficiones).

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