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sábado, 25 de abril de 2015

¿Se nace o se hace? (Parte 1/2)

David Reimer perdió el pene a los pocos meses de nacer. Los doctores lo quemaron intentando practicarle una circuncisión y, al ser muy complicado reconstruir uno funcional, decidieron realizar una operación de cambio de sexo en la que le extirparon los testículos y le crearon una vagina. La idea, en principio, no entrañaba ningún inconveniente porque por aquella época (años 60) se conocía muy poco acerca de la etiología de la orientación y de la identidad sexual y se solía pensar que ambas condiciones eran el resultado de la experiencia infantil humana. De esta manera, sus padres le educaron vistiéndola y tratándola como a cualquier otra chica intentando, de esta manera, que adoptara un comportamiento acorde al rol social femenino. Sin embargo, durante la adolescencia, la infelicidad motivada por la falta de correspondencia con el sexo que se le había asignado le instigó a cambiarse nuevamente de sexo (Diamond & Sigmundson, 1997).

El relato anterior corresponde a un caso de disforia de género (conflicto entre el sexo físico de una persona y el sexo con el que se identifica) que revela la limitación de los factores socioculturales y del aprendizaje a la hora de explicar la identidad e inclinación sexual de las personas. Por el contrario, supone una auténtica estimulación para el estudio de las variables biológicas posiblemente involucradas en su determinación.

Desde que saliera a la luz el caso de David, una gran cantidad de investigaciones ha acumulado una extensa bibliografía científica que nos ha permitido conocer la potencial influencia que ciertas variables de carácter biológico son capaces de ejercer sobre la tendencia sexual, desplazando así las hipótesis ambientales a un segundo plano.

David Reimer

Hasta ahora, ni las castraciones ni las inyecciones de testosterona o estrógenos han sido capaces de modificar la inclinación sexual de una persona. De la misma manera, el psicoanálisis, las terapias de conversión, las de choque, las lesiones quirúrgicas en el hipotálamo o la inducción de malestar o vómitos ante imágenes homoeróticas tampoco han conseguido erigirse como métodos capaces de obtener resultados positivos.

En un artículo anterior mostré someramente que la razón de nacer varón o mujer radica en la exposición prenatal a los andrógenos y que ambas etiquetas son una mera cuestión de grado: si la exposición a ciertos andrógenos no es suficientemente abundante, el feto genéticamente masculino no desarrolla completamente sus genitales y se obtiene a un sujeto intersexual con unos órganos sexuales externos ambiguos. Y lo mismo ocurre en el caso contrario, es decir, si un feto genéticamente femenino es expuesto a una cantidad anormalmente alta de este tipo de esteroides sexuales.

¿Qué conclusión podemos extraer de esta información? En primer lugar, hay que tener en cuenta el hecho evidente de que la gran mayoría de varones se sienten identificados con el sexo masculino y son sexualmente atraídos por el femenino, algo que ocurre de manera inversa en las mujeres. Es decir, existe una correlación bastante elevada entre ser varón y mujer y mostrar unas tendencias sexuales determinadas. Conociendo esto, es sensato considerar que los esteroides sexuales responsables de conferir unos rasgos sexuales determinados también deben jugar algún papel en la adquisición de la identidad y de la orientación sexual.

Y para considerar esta hipótesis hay que remontarse al papel organizador de los andrógenos: es bien conocido que estos actúan durante el segundo y el tercer mes de gestación para conformar los órganos sexuales masculinos y que luego vuelven a mediar, esta vez durante la segunda mitad del embarazo, en el desarrollo del cerebro (Savic, 2010). Es decir, el grado de masculinización del cerebro no tiene por qué reflejar el grado de masculinización que presentan los órganos sexuales.

Esta información nos conduce a la posibilidad de especular con la idea de que los andrógenos de un hombre homosexual o con disforia de género hayan masculinizado correctamente sus órganos sexuales pero no hayan hecho lo propio con el cerebro. De esta manera, un varón homosexual o con disforia podría tener un cerebro con características femeninas y una mujer, también homosexual o con disforia de género, podría presentar un cerebro masculinizado.

¿Quiere esto decir que la masculinización o no del cerebro provocada por la presencia o ausencia de determinadas hormonas en la etapa prenatal son las responsables de nuestras inclinaciones sexuales?
La investigación científica apunta a que así es.

Pero hay que andarse con cuidado. No estoy señalando que hayamos descubierto la respuesta concreta a por qué una persona siente atracción por otras de su mismo sexo o se identifique con el opuesto sino que conocemos que la exposición a ciertos esteroides sexuales antes de nacer y que regulan el desarrollo estructural del cerebro, son ineludiblemente responsables, al menos en gran parte, de la identidad y de la orientación sexual.

Conocer las causas concretas y directas que determinan la homosexualidad o la disforia de género es algo muy complicado teniendo en cuenta el gran número de factores genéticos, endocrinos, anatómicos y fisiológicos involucrados que pueden predisponer, por lo que hasta ahora la cuestión continúa siendo un misterio. Aún así, disponemos de correlaciones genéticas, endocrinas, anatómicas y funcionales que nos permiten asegurar con rotundidad que tras la inclinación sexual de las personas subyace una explicación biológica y no meramente contextual. A continuación expongo las pruebas de carácter endocrino que dan credibilidad a esta hipótesis, que son las que aportan mayor evidencia.

Las evidencias hormonales

Algunas circunstancias excepcionales durante el desarrollo prenatal han revelado las consecuencias directas que tienen las variables endocrinas. El síndrome de insensibilidad a los andrógenos, por ejemplo, sucede cuando las células de un varón genético (XY) no son capaces de reconocer estas hormonas y en consecuencia, el feto se desarrolla en la dirección de adoptar una constitución morfológica femenina. Pero esta insensibilidad no solo nos revela un fenotipo totalmente opuesto al que habría de esperar de un sujeto genéticamente masculino, sino que además predispone a presentar una orientación e identidad sexuales también femeninas. Esta anomalía, que implica irremediablemente la no masculinización de los órganos sexuales ni del cerebro, constituye una muy buena evidencia a favor de la influencia que la presencia o ausencia de andrógenos tienen sobre el desarrollo de las futuras inclinaciones sexuales.

Pero podemos ir más allá: si la conclusión anterior es cierta deberíamos obtener resultados contrarios en aquellos sujetos sometidos a condiciones opuestas.

Y esta es una predicción que, efectivamente, se cumple. En un estudio, un tercio de los sujetos XX que habían sido expuestos a una alta cantidad de andrógenos por una excesiva secreción de la corteza suprarrenal (hiperplasia suprarrenal congénita) manifestó ser homosexual o bisexual (Hines, 2005). Y esto no es todo.
Es bien conocido que los chicos revelan cierto favoritismo por juguetes móviles (coches o trenes) y prefieren los colores oscuros mientras que las chicas optan preferentemente por juguetes tranquilos y pintan colores claros (mariposas o flores). Pues bien, las niñas con hiperplasia suprarrenal congénita (las expuestas a altas cantidades de andrógenos) muestran, incluso, estas mismas preferencias tipificadas en los niños (Nordenström, 2002; Iijima, 2001), lo que confirma con aún más seguridad que un exceso de androgenización conduce a la masculinización del cerebro y al desarrollo de rasgos comportamentales correspondientes al rol masculino (Jürgensen, 2007).

¿Y qué hay del caso de al principio? ¿Qué ocurre si criamos a un varón genético cuyo cerebro está correctamente androgenizado como si fuera una niña?

La 5-α reductasa es una enzima que actúa sobre la testosterona para dar lugar a la dihidrotestosterona, que es la responsable de desarrollar los genitales masculinos. La falta de esta enzima impide que los genitales se masculinicen y provoca que el niño nazca con vagina. Se ha demostrado que más de la mitad de los sujetos que en este caso son educados como niñas no se suelen identificar con el sexo asignado (Cohen, 2005). En otro estudio que analizó a 5 individuos que padecieron esta deficiencia y de los cuales 4 fueron criados como niñas, todas manifestaron tener una identidad sexual masculina (Praaven, 2008).

Otra anormalidad del desarrollo fetal muestra resultados semejantes: en la extrofia de cloaca, los niños nacen en la mayoría de las ocasiones sin pene. En el pasado, a estos sujetos se les extirpaban los testículos, se les creaban quirúrgicamente una vagina y también se les educaban como a niñas. Sin embargo, un estudio muestra que la mitad de estos sujetos no llegan a sentirse identificados con el sexo que se les había asignado (Reiner, 2004) y por el contrario, los que a pesar de ello son posteriormente criados como varones no presentan dudas ni incomodidad respecto a su identidad sexual.

En resumidas cuentas, estas anomalías que ocurren durante la etapa prenatal revelan que un cerebro expuesto a andrógenos se masculiniza y que la falta de estas hormonas conduce a la predisposición de características femeninas, con todas las consecuencias de índole sexual que ello implica.

Algunas de las variables anatómicas, funcionales y genéticas que también podrían estar involucradas serán consideradas en la segunda parte.

@Neuropsycho1995

lunes, 20 de abril de 2015

Formula 1: el reino oculto de los Chemtrails

Como muchos sabréis, porque me seguís por otro lado, también llevo un blog de Formula 1, en el que, habitualmente, llevo unos comentarios sobre carreras e innovaciones técnicas desde el punto de vista, siempre limitado, de un aficionado al deporte del motor. Desde 2010 llevo observando todo lo que rodea al mundo del Gran Circo con todo lujo de detalles y, tras cinco años de observaciones y comentarios, estoy en disposición de anunciar que la Formula 1 también se ha unido a la conspiración de los chemtrails. Y que no es algo de ahora, sino que llevan más de treinta años en ello.

Sí, así es. ¿Acaso pensáis que os estoy engañando? Pues atentos a este documento que os presentamos hoy aquí. Hasta ahora, nada nos hacía suponer que no hubieran probado el asunto de las fumigaciones químicas con aviones, pero lo cierto es que cientos de miles de aficionados al motor en los últimos treinta años han sido conejillos de indias de las petroleras y otras agencias químicas, que han ido esparciendo por todo el mundo sus emisiones nocivas. Y lo siguen haciendo. 

¿Queréis pruebas? Vamos a ello. 

En primer lugar, vamos a poner unas imágenes que evidencian cómo la F1 va soltando estas peligrosas emanaciones. Son de todas las épocas, desde que los coches comenzaron a tener potencia de verdad. En épocas antiguas, cuando los coches corrían mucho menos, no se podía utilizar, porque la dispersión era mucho menor. 

Chemtrails en monoplazas de distintas épocas y distintos
equipos de Formula 1
¿Quién podría decir que eso es condensación? ¡Si nunca se ven estas imágenes, excepto en casos muy concretos! Si fuera condensación, veríamos estas estelas de humo en todos los grandes premios del mundial, y no sólo en algunos. ¿O es que no se condensa igual la humedad en Abu Dhabi que en Canadá? ¡Las leyes físicas son constantes en todo el planeta y si el monoplaza condensa en un sitio, condensa en todos! Además, la condensación debería firmar un trazo recto y estos trazos son erráticos, retorcidos, algo que no debería ocurrir en un vehículo tan pequeño a tan alta velocidad. Fijaos también en los puntos de donde nacen: son puntos pefectos para camuflar conductos por los que emitir los chemtrails. Si os fijáis en la de abajo, veréis claramente cómo emanan de unos conductos pegados a las branquias del ala trasera.

La primera evidencia de que la Formula 1 es un banco de pruebas de fumigación es que todas las escuderías tienen un patrocinador que es una gran petrolera: Petronas (Malasia), Shell (Holanda) o CEPSA (España) están presentes en el mundial de Formula 1 actual:

Patrocinadores petroquímicos de la Formula 1: CEPSA, Petronas y Shell, de Toro Rosso, Mercedes y Ferrari, respectivamente.
Estas fotos son de la temporada 2015, pero no es exclusivo. En temporadas anteriores otras petroleras también han contribuído a lo que os digo:

Patrocinadores petroquímicos de la Formula 1 de hace años
Todas, absolutamente todas las escuderías de Formula 1 que han llegado a la cima o han medrado de una u otra forma tienen el apoyo de una petrolera. Pensadlo fijamente. ¿Qué escuderías se han mantenido en el circo durante los sesenta y cinco años que lleva funcionando? Actualmente, sólo Ferrari. El creador de esta escudería, Enzo Ferrari, manifestó, en más de una ocasión que "la aerodinámica es sólo para quien no sabe hacer motores". Bien lo sabía él. En los inicios de la aerodinámica en la F1, los alerones eran ineficientes, aparatosos o creaban vórtices que esparcían las emisiones tóxicas, evitando que el chemtrail ejerciera su efecto. Actualmente, eso se ha corregido. ¿Os acordáis de este invento?

F-duct o Conducto F. Un supuesto invento aerodinámico que servía como camuflaje de algo más siniestro
En el año 2010, McLaren, una de las escuderías más laureadas de todos los tiempos, añadió un conducto por el que, con la excusa de mejorar la aerodinámica del bólido, hacían circular los peligrosos aerosoles que iban esparciendo por la pista. Todos los equipos acabaron por copiarlo. Con este invento, los magnates de la F1 podían conseguir que los peligrosos chemtrails pasaran desapercibidos, liberando así toda sospecha del Gran Circo y pudiendo utilizar los monoplazas para seguir contaminando medio planeta, desde Australia hasta Sudamérica. Afortunadamente, Mark Webber, piloto de Red Bull en aquel año, tuvo un grave accidente en el Gran Premio de Europa, celebrado en Valencia, al adelantar a Heikki Kovalainen. Aquel incidente puso en evidencia la inseguridad competitiva del F-duct y la FIA tuvo que prohibirlo para evitar accidentes mucho más graves.

Mark Webber, piloto del equipo Red Bull en 2010, vuela por encima de la pista valenciana tras tocarse con Heikki Kovalainen, de Caterham, al distraerse accionando el F-duct
Tras aquello, la F1 no ha dejado de investigar métodos para esparcir los chemtrails por todo el mundo. Aquí os traigo dos ejemplos más: uno el W-duct, que fracasó, puesto que no podía camuflarse y el S-duct, que se está probando esta temporada y parece tener un efecto muy superior y mejorado con respecto al F-duct:

W y S ducts en monoplazas. Se señalan mediante las flechas rojas
Sin embargo, aunque el método del F-duct fue prohibido, la F1 no ha dejado de ser otro medio para esparcir los químicos tóxicos por el método de los chemtrails. Cada año, desde inicios de la década pasada, hemos tenido circuitos nuevos en el campeonato. Bahrein y China, en 2004; Turquía, en 2005; Valencia y Singapur (Circuito de Marina Bay), en 2008; Abu Dhabi, en 2009; Corea del Sur, en 2010; India, en 2011; Estados Unidos (circuito de Austin), en 2012; Rusia, en 2014; y en 2015 se recupera el de México. La expansión de la F1 no ha dejado de crecer en los últimos 10 años, llegando a extremos donde jamás había llegado, como la India, Oriente medio o Centroamérica. 

Es curioso además observar la correlación del uso de circuitos en sitios nuevos con el control de masas. Recordemos que los chemtrails ya han sido desenmascarados como método para el control de la voluntad de los seres humanos (tal como explican aquí y aquí). En 2011, la primavera árabe obligó a suspender el Gran Premio de Bahrein. Los disturbios se extendieron por todo Oriente Medio. Pero en Bahrein, el reducto ocupado por la F1 era seguro. Sólo las amenazas por parte de los habitantes del país árabe lograron suspenderlo. En Bahrein tenían muy claro que los monoplazas estaban contaminando el aire y el suelo y por eso se enfrentaron al gigante del motor. Sin embargo, el Gran Premio de Abu Dhabi sí se celebró y los gases emitidos llegaron al cercano Bahrein, subyugando su espíritu combativo y volviendo a celebrarse en 2012. Otro ejemplo de esto, es la drástica reducción del inervencionismo Chino en 2004 y su apertura a la OMC; la F1 había alterado el comportamiento de los chinos definitivamente, actuando de caballo de Troya para introducir al salvaje capitalismo en uno de los últimos reductos comunistas del mundo. Como hemos comentado antes, este año se recupera el GP de Mexico. ¿A alguien le queda alguna duda de que se está intentando controlar el problema de los narcos en el estado centroamericano con la llegada de estos aparatos de difusión de químicos nocivos?

En conclusión, podemos decir que la F1 no es más que otro aliado de la conspiración mundial de los Chemtrails, y que demuestra, otra vez, que uno puede inventarse una conspiración con un poco de tiempo, cuatro ideas y un poco de tergiversación.

¿De verdad alguien se ha leído este mondongo y se ha creído algo? ¿Me lo estáis diciendo en serio? Yo lo siento mucho, pero no puedo creérmelo. Y viene a demostrar que, con cuatro ideas ad hoc y un poquito de imaginación, se puede montar una historia coherente, que tenga un poco de seriedad y lógica, pero que no tenga nada que ver con la realidad. Mezclar imágenes con un poco de imaginación y dar una explicación ridícula, absurda y atractiva para el amarillismo es realmente sencillo y puede originar un post como este en poco tiempo. Después, sólo hace falta algo de edición, un repaso para darle un formato, una pátina de misterio, et voilá, un post conspiranoico para alimentar el mito. Y si además lo colgamos en un blog como este, que se dedica a desmentir este tipo de chorradas pseudocientíficas, pues más credibilidad, claro.

¿Cómo se ha cocinado este artículo? Ha sido muy fácil. Ha bastado buscar algunas imágenes de contrails en la Formula 1. Sí, contrails. Estos, además de generarse en las bocas de las turbinas de algunos motores de aviones, se generan cuando cambia la presión del aire en lo que se llaman wingtip vortices. Estos vórtices no son más que estelas de aire que provoca el paso de los alerones a gran velocidad. Si hay un cambio rápido de presión entre el aire que entra por el ala trasera y el que sale (lo que a menudo ocurre cuando hace frío en la pista), se forman las estelas que se ven en la primera imagen de este artículo. Las fotos corresponden a distintos Grandes Premios y sesiones de test, en los que las temperaturas eran bastante bajas. Después, ha bastado con juntar unos cuantos elementos de conspiración. Y ha sido bastante fácil: muchas de las escuderías que ha habido ahora y siempre en la Formula 1 han tenido patrocinios con empresas petroleras. Unas, ya desaparecidas; otras, actuales y gigantes del negocio. ¿Quién mejor que las malvadas petroleras para poner el aire lleno de contaminantes? Y ya, si hablamos de control mental, relacionándolo con disturbios, pasados y actuales, en momentos en que la F1 está más presente allí, tenemos un plato de conspiración cocinado y servido en poco tiempo.

Disfrutad de la receta.

No sé si alguien llegará a enlazar este artículo. De lo que sí estoy seguro es de que quien lo enlace como prueba de la existencia de chemtrails no habrá llegado hasta el final. Porque sólo le habrá interesado la primera parte, aquella que confirma su propia creencia. El resto lo habrá desechado porque sí.
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viernes, 17 de abril de 2015

¿Por qué naciste así? ¿A qué debes tu sexo biológico?


¿De qué depende nacer chico o chica? ¿Qué circunstancias nos han diferenciado como tales?

           Estoy seguro de que la mayoría de vosotros habréis pensado que el dimorfismo manifiesto entre hombres y mujeres, tanto fisiológico como comportamental, es producto directo de la manifestación de dos cromosomas sexuales. Sin embargo, esto no es del todo cierto. La determinación del género es un fenómeno mucho más complejo que trasciende varios genes y depende de otros muchos e interrelacionados procesos que a día de hoy continúan siendo objeto de estudio. Sin embargo, esto no nos han impedido identificar los factores que se erigen como principales responsables de la diferenciación sexual en el útero materno.

           Como seguramente conocéis, cada uno de nosotros posee 22 pares de autosomas y un último par de cromosomas sexuales que normalmente son XY para los hombres y XX para las mujeres. Y digo normalmente porque existen mujeres que son varones desde el punto de vista genético y viceversa, aunque esto es algo que tan solo ocurre en muy pocas ocasiones como consecuencia de alguna anomalía que explicaremos más adelante. Por tanto, de este hecho deducimos que, si bien poseer uno u otro par de cromosomas es relevante para la constitución de nuestro sexo biológico, debe de existir algo más allá de estos que sean responsables directos de él.

Profundicemos.
           Hasta la sexta semana de desarrollo, el feto posee gónadas indiferenciadas. De manera poco ortodoxa podríamos decir que dichas gónadas son bisexuales (aunque el término no es correcto), pues tienen el potencial de convertirse tanto en masculinas como en femeninas, es decir, en testículos o en ovarios. Preguntémonos, pues, de qué depende la disposición por una u otra alternativa.

La respuesta la tenemos en los genes.
           El cromosoma Y (presente en hombres) posee un gen denominado Sry que codifica una proteína que habilita al feto para desarrollar testículos y segregar hormonas que le permiten adoptar los órganos sexuales propios del género masculino. Sin la manifestación de dicho gen las gónadas se desarrollan como ovarios, por lo que Sry ha sido considerado el principal responsable de la diferenciación gonadal.

           Hasta ahora hemos dilucidado cuál es la causa de poseer unas determinadas gónadas u otras. Pero, ¿qué hay de los órganos sexuales internos y de los genitales?

           De la misma manera que un feto puede desarrollar testículos u ovarios, este también incluye la posibilidad de producir órganos sexuales internos masculinos o femeninos. Esto último depende de la estimulación que reciban el sistema de Müller y el sistema de Wolff. Todo feto humano posee los precursores de ambos sistemas. El desarrollo del primero da lugar a los órganos sexuales internos femeninos, mientras que el segundo es el precursor de los masculinos.

           Si somos varones genéticos (XY) desarrollaremos testículos que segregarán dos tipos de hormonas: la hormona inhibidora del sistema de Müller y los andrógenos. La primera de ellas, como su propio nombre indica, se encarga de anular el sistema de Müller (desfeminiza). Los andrógenos, por su parte, estimulan el desarrollo de los genitales masculinos y el del sistema de Wolff (masculinizan). Como resultado, el varón genético manifiesta un fenotipo completamente masculino.
                                                                                                                                  
                                                                                 Hombre XY

           Por el contrario, los fetos XX no poseen el gen Sry, por lo que no desarrollan testículos que puedan segregar dichas hormonas. Consecuentemente, el feto continúa su curso y madura el sistema de Müller, que da lugar a los órganos sexuales internos femeninos. En ausencia de andrógenos, el sistema de Wolff se extingue y el desarrollo de los genitales sigue su curso hasta convertirse en femeninos. Es decir, en ausencia de estas hormonas, el resultado tiende al sexo femenino. Esta es la razón por la que se suele decir que la tendencia de la naturaleza es ser mujer.
                                   
                                                                                    Mujer XX

           En resumen, si bien tener el cromosoma Y (y por tanto el gen Sry) es necesario para ser varón, no es suficiente para poder desarrollarte como tal. Las hormonas ejercen, en última instancia, el papel determinante para nacer chico o chica. Son las hormonas las que impiden que se desarrollen unos órganos sexuales y proliferen otros.
[Para ver una presentación interactiva de la diferenciación sexual de un varón y de una hembra desde el momento de la concepción, podéis acceder a este enlace (en inglés)]


Anomalías en la diferenciación sexual

           El entramado teórico planteado anteriormente no solo nos proporciona la virtud de conocer cómo es el proceso biológico que da lugar a los órganos sexuales sino que nos permite predecir la posibilidad de que puedan suceder ciertas anomalías.
           Por ejemplo, ¿qué sucedería si el gen Sry del cromosoma Y sufriera una deleción o una mutación que impidiera su manifestación o por el contrario se expresara en un sujeto XX debido a una translocación producida en el cromosoma Y durante la meiosis? En el primer caso (síndrome de Swyer), no se formarían los testículos y el feto progresaría en dirección a desenvolver unos caracteres sexuales femeninos; en el segundo, que puede considerarse el incidente opuesto, el gen Sry pasaría a formar parte de uno de los dos cromosomas sexuales X y se obtendría un individuo fenotípicamente intersexual o masculino. Es decir, en ambas situaciones se desarrollaría un fenotipo sexual parcial o totalmente distinto al que habría esperar según el sexo genético (disgenesia gonadal).

         Sin embargo, las complicaciones genéticas no son los únicos responsables de un anómalo desarrollo sexual. También pueden producirse contrariedades parecidas a consecuencia de una inadecuada secreción o recepción de andrógenos. Algunos de estos constituyen, además, muy buenos ejemplos de cómo la exposición a ciertas hormonas durante la etapa prenatal influyen de manera determinante no solo en el desarrollo de los órganos sexuales, sino también en la propia orientación e identidad sexual con la que una persona se corresponde:
  • El síndrome de insensibilidad a los andrógenos. La hormona inhibidora del sistema de Müller actúa impidiendo el desarrollo de los órganos sexuales internos femeninos. Sin embargo, una mutación de los receptores de los andrógenos imposibilita que se lleguen a desarrollar los órganos sexuales internos y externos masculinos. Como consecuencia, el sujeto nace con testículos, sin órganos sexuales internos y con vagina (los testículos se suelen extirpar ante la posibilidad de volverse cancerosos). Esta misma ausencia de androgenización es la razón por la que los sujetos con este síndrome se desarrollan como chicas y muestran una inclinación sexual por los hombres.
           Los sujetos que han sufrido esta anomalía son los más parecidos a hermafroditas que podemos llegar a concebir. Una vez dicho esto, es importante señalar que es posible encontrar a recién nacidos con vagina y testículos pero nunca con pene y vagina porque es fisiológicamente inviable. Debido a una actividad irregular de andrógenos, los genitales pueden resultar ambiguos o a medio formar, entre vagina y pene, pero no es posible que existan ambos de manera diferenciada. Esto es un mito.
  • El síndrome del sistema de Müller persistente. En este caso, los andrógenos ejercen su efecto y se desarrollan los órganos sexuales internos y externos masculinos. Sin embargo, a causa de otra mutación, la hormona inhibidora del sistema de Müller no se produce o no existen receptores para ella. En esta situación se desarrollan tanto órganos sexuales internos masculinos como femeninos, es decir, coexisten conducto deferente, vesículas seminales y próstata con trompas de Falopio y útero. En este caso, al sí existir androgenización, los sujetos mantienen atracción sexual por las mujeres y se identifican con el sexo masculino.
  • Otra anomalía es la denominada hiperplasia suprarrenal congénita. En esta situación, el feto es genéticamente femenino (XX) pero las glándulas suprarrenales secretan una anormal cantidad de andrógenos que provoca la masculinización de los genitales. Las consecuencias son un clítoris de gran tamaño y labios vaginales parcialmente fusionados. En los casos más graves, los genitales pueden resultar ambiguos y la sexualidad del recién nacido es incierta. Un tercio de las mujeres que sufre de este exceso de androgenización se define bisexual u homosexual y las probabilidades de transexualidad en el futuro se multiplican por cien.
           Este último síndrome nos revela algo sorprendente: el sexo biológico se corresponde a un aspecto de carácter cuantitativo y no cualitativo, es decir, se trata de una cuestión de grado en la que un sujeto puede nacer completamente varón, hembra o intersexual, o sea, con ambigüedad genital o con características sexuales de ambos géneros.

           Resumiendo, una vez las hormonas actúan (o pierden la ocasión de hacerlo) se producen efectos de naturaleza fisiológicamente irreversible en el feto que definen sus rasgos sexuales. Estos son los efectos organizadores de las hormonas y son igualmente importantes para la definición de la inclinación sexual y del género del individuo. Sabemos, por tanto, que la determinación objetiva del sexo de un individuo es consecuencia directa de factores biológicos y también disponemos de una importante evidencia que apoya la hipótesis de que los efectos que las hormonas ejercen sobre la constitución fisiológica del organismo resultan igualmente trascendentes para el establecimiento tanto de la identidad como de la orientación sexual. Pero esta última cuestión, el de la identidad y la orientación sexual, es un tema al que subyacen varios factores de carácter biológico y merece una consideración aparte, por lo que será evaluada en un próximo artículo.
         
@Neuropsycho1995
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lunes, 13 de abril de 2015

3ª Parte - ¿Se puede tratar la homosexualidad?

            Una vez demostrado que no existe razón para considerar la homosexualidad como un trastorno y que por consiguiente no hay motivo sólido que justifique que esta deba ser tratada con terapia, ¿por qué dedicarle un apartado a su tratamiento?

            Como hemos visto, ninguna orientación sexual per se es causa de problemas psicológicos, pero sí que parece ser un problema para la espiritualidad del ser humano según la faceta cristiana. Con el pretexto de alcanzar la plena moralidad impuesta por Dios, se han establecido varias organizaciones que llevan a cabo distintos tipos de terapias de reorientación sexual. Dicen que su éxito les avala y presumen de contar con el aval científico que justifica dicho éxito.



¿De qué garantía científica hablan?
            Principalmente, de la que ofrecen dos estudios. El primero es el de un reconocido psiquiatra, R. Spitzer, que en 2003 publicó un controvertido paper en el que supuestamente demostraba la efectividad de la terapia de conversión.
            Sin embargo, fue ampliamente criticado por la comunidad científica: el número de sujetos que componía la muestra era escaso y el grupo de tratamiento no se estableció por azar sino que fue compuesto a dedo por los terapeutas; otro grave problema fue el hecho de que los pacientes manifestaran actitudes positivas hacia la terapia y un excepcional sentimiento religioso, lo que supone un sesgo cognitivo muy importante. Además, los resultados se habían interpretado a partir de autoinformes obtenidos vía telefónica y no se realizó un seguimiento prospectivo tras la terapia para confirmar la orientación sexual de los participantes convertidos. Ante tales fallas metodológicas, el propio Spitzer se retractó de su trabajo declarando que había interpretado mal los resultados y que su estudio no ofrecía evidencia de que los gais pudieran cambiar su inclinación sexual. Tal fue su bochorno que, incluso, pidió perdón a la comunidad gay.

            Tras el monumental fracaso de este paper, que aun así causó furor entre las webs cristianas y otras involucradas en la terapia de reorientación, se ha intentado superar las limitaciones del estudio de Spitzer. En 2011 sale a la luz Un estudio longitudinal sobre un intento de cambio de la orientación sexual mediado religiosamente. Sin embargo, el susodicho estudio presenta otro cúmulo de carencias: no hubo grupo de control, la muestra fue pequeña y no se conformó por azar sino que los distintos ministerios del Exodus International (organización cristiana estadounidense, formada por ex-gais) participaron activamente en la selección de los sujetos, quienes además manifestaron una profunda involucración religiosa que compromete los resultados.
            Una persona que ha asistido a este tipo de terapia y que está motivada por las expectativas de su familia o congregación religiosa puede verse forzada a reconocer una orientación sexual que realmente no profesa. De ahí a que considerar la importante distinción que existe entre hacer lo que uno cree que debe hacer (buscar esposa, mantener relaciones heterosexuales y formar una familia) y lo que realmente le gustaría hacer.
            Otra falta de rigurosidad consistió en permitir la inclusión en la muestra de sujetos que ya habían estado recibiendo terapia hasta un máximo de 3 años, por lo que llamar prospectivo al estudio es, como poco, impreciso. De los 98 participantes iniciales, 61 completaron la terapia, de los que tan solo 14 dijeron haber cambiado su orientación sexual. Sin embargo, las fallas metodológicas y el escaso control de terceras variables anteriormente mencionadas no permite siquiera dar por válida la conversión de este pequeño porcentaje de la muestra. Por si fuera poco, tampoco se especifica el tratamiento empleado durante la terapia, por lo que la falta de detalles hace que el estudio sea difícilmente replicable. Además, la base sobre la que se construye la terapia va contra el conocimiento respaldado por el consenso científico al considerar que “la orientación homosexual es el resultado de heridas emocionales combinada con la confusión espiritual que se puede resolver a través de la sanación por oración.
           Mis sospechas de proselitismo religioso subyacente al paper se confirmaron al comprobar que fue redactado por Stanton L. Jones y Mark A. Yarhouse, profesores de psicología con tendencias religiosas que participan activamente en instituciones cristianas.



           Hay otros artículos que suelen ser mencionados por los proselitistas pero que no han sido publicados en revistas de impacto científico como Dios manda, así que podemos decir que, para desgracia de los fundamentalistas, los dos que acabamos de ver son lo mejor que tienen.

           Por su parte, la Asociación Americana de Psicología hizo un análisis de 83 estudios publicados entre 1960 y 2007 resaltando que las personas que acuden a dichas terapias tienen una fuerte tendencia religiosa y que aun así los intentos de cambiar la orientación sexual son propensos al fracaso. También declara que el tratamiento no es inocuo sino que puede involucrar riesgos por aparición de estrés, depresión y pensamientos suicidas. Por último, concluye que los estudios sobre terapias de conversión presentan sustanciales deficiencias metodológicas y que los que son aleatorizados (los más rigurosos) muestran que la intervención no influye en la orientación sexual.
            Pese a estas evidencias en su contra, aún podemos encontrar organizaciones que, haciendo oídos sordos, hacen referencia a este tipo de terapias con un admirable optimismo.
            Por poneros un ejemplo, una organización que se hace llamar Asociación Católica de Psicología nos traduce un escrito de Richard Fitzgibbons que no tiene desperdicio. Éste psiquiatra estadounidense católico (que es elogiado injustificadamente por algunos cristianos como si fuera toda una eminencia) nos ofrece la cura de la homosexualidad con un margen de error insignificante y relaciona su origen con conflictos emocionales derivados de la niñez y que son producto de la soledad, la tristeza, una baja autoestima, la desconfianza y el miedo, entre otros; nos cuenta que las heridas emocionales invierten la inclinación sexual acercándose al planteamiento psicoanalista freudiano, que es pseudociencia. Pero no se detiene aquí, pues afirma que con psicoterapia de conversión y un poco de perdón y espiritualidad cristiana se pueden reorientar esas inclinaciones sexuales tan horrendas que Dios aborrece. ¡Y asegura que lo hace con casi un 100 % de efectividad!

          Otro charlatán, muy conocido en España, es Aquilino Polaino, famoso por sus polémicas declaraciones sobre la homosexualidad y por las terapias de conversión que practicaba y a partir de las cuales surgieron testimonios informando del lastre emocional que sufrieron varios de sus pacientes. Como os habréis podido imaginar, este tipo es otro fundamentalista católico que demuestra tener la cabeza bien amueblada; de hecho, tanto es así que incluso ha publicado un libro en el que relata haber sido testigo de posesiones diabólicas y defiende la aplicación de exorcismos.
          Con gente así suelta en la civilización y otros tantos retrógrados fundamentalistas con ordenador y wi-fi, no resulta extraño encontrar tanta parafernalia religiosa y pseudocientífica pululando por internet y difundiendo los mágicos e inexistentes resultados de las innecesarias terapias de reorientación sexual.
       
          El último en posicionarse al respecto ha sido Barack Obama, quien recientemente ha pedido que se ponga fin a este tipo de terapias apoyadas por organizaciones conservadoras. Un informe de la Casa Blanca relata que la evidencia científica considera que la terapia de reorientación no es médica ni éticamente apropiada y puede causar daños substanciales.

          Como ya hemos visto, la hipótesis principal que este tipo de organizaciones fundamentalistas repiten hasta la saciedad es que la homosexualidad no es una condición determinada por factores biológicos sino que, por el contrario, es producto exclusivo del aprendizaje temprano, reduciendo su etiología a una circunstancia meramente contextual. Esta es la única manera que tienen de justificar que dichas inclinaciones cuenten con la posibilidad de ser modificadas por medio de sesiones terapéuticas.

          Pero, ¿es cierto lo que afirman o se trata tan solo de otra de las muchas tesis sostenidas por creencias y no por un cuerpo de evidencia empírica?
          En un próximo artículo contestaremos a la cuestión de si la orientación o incluso la identidad sexual pueden explicarse bajo un marco biológico y no como consecuencia de crisis, traumas o demás problemas de origen emocional.
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miércoles, 8 de abril de 2015

El ser humano sigue evolucionando (3. la hipoxia de altura)

Continuación de la segunda parte.
Ya se habló de esto en el artículo de julio de 2010 «Homo sapiens también evoluciona».

Hay dos aspectos de la pigmentación que podemos tomar aquí en cuenta: la pigmentación de la piel y la de los ojos. Podríamos también hablar de la pigmentación del cabello, pero las conclusiones vienen siendo similares.

La pigmentación de la piel

Hasta hace unos 20 000 años, no hubo ningun tipo de diferenciación significativa en el color de la piel de los seres humanos. Fue por esa época que alguna persona sufriera una mutación que le haría tener una menor carga de melanina en las células de la piel.

La mutación no sucedió de forma dirigida. Es algo que de vez en cuando sucede, que alguien nace con menos melanina de la que debería.
Caso real de niño nacido con menor
 carga de melanina —sin ser albino—.
Nótese que conserva el resto de caracteres
propios de su etnia, como la forma de la
nariz o de los labios; caracteres que
son independientes a nivel genético.

No sabemos —o al menos yo no lo sé, ni he encontrado información al respecto— cuál es la tasa de mutación ni cuál es su intensidad, al menos de momento. Lo que sí que sabemos es que, en este caso concreto, el efecto de la selección natural es muy fuerte. 

Mientras que en zonas fuertemente insoladas, una mutación de ese tipo supondría una enorme desventaja —ya que generaría graves problemas por efecto de la fuerte radiación solar; al fin y al cabo la melanina actúa como filtro protector, y la radiación solar intensa es causante de mutaciones somáticas que pueden resultar muy peligrosas, especialmente si no hay medicina—, en las altas latitudes tener una piel más clara supone una ventaja también muy importante.

¿Que por qué?

Por la vitamina D.

La vitamina D solo puede sintetizarse con la acción de la radiación ultravioleta del sol. 

Si tu piel tiene un filtro natural llamado melanina, pero la intensidad solar es muy elevada, hay una parte de la radiación UV que llega a atravesar la barrera, y puede emplearse para la síntesis de tan importante producto, cuyo defecto puede provocar graves problemas a nivel óseo.

Mapa de distribución de población en función de la
intensidad de color de la piel.
Sin embargo, si tu piel tiene susodicho filtro y la intensidad de luz es insuficiente, como sucede en altas latitudes, tu organismo no sintetiza suficiente vitamina D. Esto hace a los que tienen una piel más clara —y por tanto, más permeable a la radiación UV— que dispongan de una gran ventaja evolutiva en lugares donde la radiación solar es de baja intensidad.

En resumen. En zonas de elevada insolación, la piel más oscura se convierte en una ventaja, y la piel clara en un grave problema. Pero en zonas de baja radiación solar, la piel clara es la apta, y la oscura una desventaja. Es un ejemplo muy claro de la enorme influencia del ambiente sobre el resultado evolutivo.

La pigmentación del iris

La historia de los ojos azules es un gran ejemplo de cómo un carácter puntual puede llegar a diseminarse por una población. Hace 10 000 años, el 100% de la población humana tenía los ojos marrones. Fue hace unas 400 generaciones aproximadamente, cuando un gen, OCA2, mutó y produjo una gran reducción en la producción de melanina de las células del iris.



Si bien en este caso, su presencia puede suponer una gran desventaja en las zonas fuertemente insoladas —por los mismos motivos expuestos respecto a la piel—, no encontramos ninguna ventaja clara para que esta mutación sea beneficiosa a nivel ambiental en zonas de baja insolación.

Lo que nos abre a dos posibles hipótesis.

1. La evolución por selección neutral. En el caso de que esta mutación no suponga ninguna ventaja ni desventaja, una posibilidad es que se haya diversificado por la población por efecto de la mera deriva genética. Es decir, que aunque no ha habido una presión selectiva clara sobre este carácter, el propio azar ha hecho que los portadores del carácter hayan tenido más éxito reproductivo, y el carácter se haya generalizado por mera casualidad.

2. La otra opción es la del atractivo sexual. No solo el medio ambiente tiene la capacidad de seleccionar; hay otra forma de selección que no es tan dependiente del ambiente como lo es del sexo opuesto. Darwin ya lo demostró empleando como ejemplo las colas de los pavos reales; el atractivo sexual puede ser un factor de presión selectiva muy fuerte. Si aquellos que tienen los ojos azules tienen mayor atractivo sexual, inmediatamente tendrán un mayor éxito reproductivo, y eso llevará ineludiblemente a una generalización del carácter. Al fin y al cabo, los ojos son una de las primeras cosas en las que nos fijamos cuando buscamos una pareja sexual.

¿Mi opinión al respecto? Probablemente ambas hipótesis tengan algo de razón, y el motivo por el cual en algunas poblaciones humanas el carácter de ojos azules esté generalizado sea en parte por su atractivo sexual, y en parte por la deriva genética.

Continúa en la cuarta parte.
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sábado, 4 de abril de 2015

2ª Parte - La familia homoparental

Continuación de “La homosexualidad no es un trastorno”.

            Tras conocer las razones que nos llevan a excluir la homosexualidad de toda consideración mórbida: ¿quiénes somos nosotros para juzgar a los gais? ¿Os resulta esta pregunta un tanto familiar?

            Recuerdo que aquellas palabras del papa Francisco causaron fervor en los medios de comunicación de todo el mundo. Pensadlo bien: el máximo representante de una institución tan conservadora e ideológicamente intransigente como la Iglesia Católica, rechaza que la homosexualidad deba ser merecedora de la desaprobación que ha recibido durante siglos, negando que los homosexuales no puedan llevar una vida acorde a la doctrina católica. Un notición, ¿no?

           Pues no. En realidad, nada de lo que dijo contradice la doctrina de la Iglesia ni se postula contra el consenso clerical. Recordemos las palabras exactas que pronunció el papa:

          “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo? El catecismo de la Iglesia católica lo explica de forma muy bella. Dice que no se debe marginar a estas personas por eso. Hay que integrarlas en la sociedad. El problema no es tener esta tendencia.”

          Y esto es cierto. Si nos dirigimos una vez más al infalible Catecismo podemos leer que “2359 Las personas homosexuales están llamadas a la castidad". Es decir, el verdadero problema no es la orientación sexual sino el acto sexual en sí. Por esta razón, cualquier homosexual puede considerarse objetivamente católico, aunque para ello deba obedecer a su compromiso con la castidad y renunciar a mantener relaciones.


         “Ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia.” 

           Ahora el mensaje del papa no parece ser tan revolucionario, ¿cierto? Aquella declaración que fue tan bien acogida entre librepensadores y medios de todo el mundo, realmente puede considerarse, incluso, insulsa teniendo en cuenta que sus palabras no supusieron alguna novedad respecto a la posición oficial de la Iglesia, que continuará reprobando el acto homosexual diga lo que diga el papa e interpreten lo que interpreten los medios de comunicación.

           Es más, afirmar que el papa es progre resulta espantoso. Hace poco menos de 5 años, siendo aún cardenal y con motivo de un proyecto de ley en Argentina que permitiría el matrimonio entre personas del mismo sexo, escribió un texto en el que acusó al diablo de estar tras esa iniciativa.

           Dijo que permitir el matrimonio homosexual puede herir gravemente a la familia y pone en juego la vida de niños que serían discriminados y privados de la maduración humana. Y a pesar de esto, muchos le consideran un verdadero progresista al que identifican como todo un héroe revolucionario en la Iglesia.

           Es comprensible que la personalidad y actitud cálida que muestra frente a sus feligreses destaque por encima de sus predecesores, una percepción que incluso se ve incrementada si tomamos en cuenta el detalle de que es hispanohablante. Pero lo cierto es que se trata de un lobo con piel de cordero al que parar desenmascarar basta y sobra con recordar sus propias palabras.

¿Qué nos cuenta la ciencia acerca de las familias homoparentales?

          Navegando por Internet me topé con un reciente paper, realizado por un sacerdote de la Universidad Católica de América, del que una web católica se hacía eco para echar pestes sobre la familia homoparental. El estudio en cuestión fue publicado en una revista que se hace llamar "British Journal of Education, Society & Behavioural Science", que tiene un nombre muy atractivo y sugerente pero que no posee ninguna filiación académica ni cuenta con una localización geográfica específica.

          El título original del diario era "British Journal of Educational Research", un nombre elegido deliberadamente para ser confundido con el “British Educational Research Journal”, que sí goza de prestigio científico. De hecho, por este motivo ScienceDomain International, que es el editor, tuvo que sustituir el nombre para evitar repercusiones legales. Además, ScienceDomain International figura en Beall's List, que es una web en la se recogen todas aquellas publicaciones engañosas que se las dan de científicas pero que en realidad no ofrecen ningún tipo de rigurosidad ni verosimilitud.

Ahora pasemos a la ciencia de verdad.

          Por el contrario, disponemos de estudios serios publicados en prestigiosas revistas, que conforman una extensa literatura científica que se muestra a favor de la tesis de que el bienestar de los niños es independiente de crecer o no en familias homoparentales.

         “Hay una amplia evidencia que muestra que los niños criados por personas del mismo sexo les va tan bien como a aquellos criados por padres heterosexuales. Más de 25 años de investigación han documentado que no existe una relación entre la orientación sexual de los padres y ninguna medida de ajuste emocional, psicosocial y de comportamiento en los niños."

          Esta conclusión ha sido ratificada por otros estudios que concluyen que los niños de parejas homosexuales tienen un desarrollo que entran dentro de la normalidad (Wainright & Patterson, 2008), tanto en los aspectos afectivos (Perrin, 2002) como cognitivos (Rosenfeld, 2010), por lo que no se diferencian sustancialmente de aquellos criados por heterosexuales (Chan, 1998). Tampoco se han encontrado evidencias de que la orientación sexual de los progenitores influya en la de sus hijos (Bailey, 1995; Wainright, 2004) conque esta creencia es un mito.

          Sin embargo, la situación de los niños que viven en un contexto homoparental podría, incluso, mejorar si la relación de sus padres fuera social y legalmente reconocida (Hatzenbuehler, 2009; Pennings; 2011), por lo que el consenso científico también se muestra favorable a la aprobación del matrimonio homosexual.

          Aquí, la Federación Española de Sociedades de Sexología, que en la actualidad representa a 36 sociedades científicas y cerca de 2.000 especialistas, ratifica que el matrimonio entre homosexuales no va a producir ninguna pérdida de derechos en ningún ciudadano y no comporta daño alguno para los sujetos que no lo son, ni en su estabilidad ni en sus expectativas.

         Ante toda esta evidencia me pregunto por qué las webs católicas prestan atención tan solo a los aislados e inverosímiles estudios que soportan sus absurdos prejuicios e ignoran aquellos que las refutan. ¿Disonancia cognitiva? ¿Motivación proselitista? ¿Odio? ¿Quién sabe?

        Lo que sí sabemos es que la enorme literatura científica aportada por diferentes instituciones y organizaciones académicas que muestran un consenso en sus resultados no encuentra ningún motivo, más allá de una simple convicción religiosa, para negarle la paternidad a un homosexual.

Continúa en la tercera parte.
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martes, 31 de marzo de 2015

El ser humano sigue evolucionando (2. La intolerancia a la lactosa)

Continuación de la primera parte.

Es posiblemente el mejor ejemplo de evolución en humanos modernos.

A la mayoría de mis lectores españoles les parecerá normal tomar leche al desayuno, comerse de vez en cuando un yogur, o cenar con una cuña de queso a mano. Aunque muchos de mis lectores sudamericanos ya no estarán tan de acuerdo.

Además, últimamente se ha popularizado aquello de vender productos lácteos sin lactosa.

Lo cierto es que, hasta la popularización de estos productos, los genes que nos proporcionan tolerancia digestiva a la lactosa han proporcionado una ventaja evolutiva en torno al 5-10%; esto convierte a este carácter en uno de los más fuertes diferenciales de selección conocidos en la variación humana moderna; considerando moderno desde una perspectiva evolutiva, a todo aquello que haya sucedido desde la aparición de la agricultura, hace unos 10 000 años.

Por aquella época, nadie podía digerir la leche más allá de los primeros años de edad. En general, a los adultos de casi cualquier mamífero les sienta mal la lactosa; tiende a provocar una serie de problemas leves en el tracto digestivo, que pueden resultar bastante molestos.

La gente en aquellos momentos ni siquiera se planteaba la idea de consumir leche.

Hace unas 400 generaciones —es decir, hace entre 8 000 y 10 000 años— apareció una mutación alojada en el cromosoma 2, en un alelo dominante, que inhibía el cese programado de la síntesis de la enzima lactosa, que es la que se encarga de digerir adecuadamente la lactosa en los bebés. Es decir, que esta mutación permitía digerir la lactosa aun cuando se era adulto. No os penséis que fue algo simplemente puntual; es una mutación que sucede de vez en cuando, incluso hoy en día.

Probablemente en su inicio esa mutación pasó inadvertida, esparciéndose levemente por la población por el efecto de la deriva genética, pero sin generalizarse —al fin y al cabo, cada persona tiene dos copias, y si una de ellas no está mutada y es la que transmite a su descendencia, su descendencia no llevará la mutación; eso ya nos lo enseñó Mendel—.

Sin embargo, probablemente por efecto de alguna hambruna, hubo quienes tuvieron la necesidad de buscar alimentos en lugares un poco más extraños de los habituales. ¿Y si pudiéramos sacar alimento de esa cabra sin tener que matarla? Dado que el cabritillo se alimenta de la leche de la cabra, ¿podríamos nosotros alimentarnos de esa leche?

A algunas personas esa leche les sentaba muy mal. Pero a muchos otros no les hacía daño alguno, y resulta ser muy nutritiva, y una fuente de alimento muy útil en momentos de escasez. Aquellos que poseían el gen mutado podían consumir leche durante toda su vida, y por tanto, obtener alimento aunque no hubiera cosechas; de este modo podían sobrevivir y llegar a reproducirse con mayor facilidad que aquellos a los que beber la leche les sentaba terriblemente mal al estómago, y si bien es algo que hoy se considera un problema leve, en aquel momento sería algo muy difícil de sobrellevar. La ausencia de alimento, y la incapacidad de alimentarse de otra cosa, llevaría a los individuos que no portaran esa mutación a unas muy elevadas probabilidades de morir.

Especialmente si son niños que ya han pasado la edad de lactante y no tienen otra cosa que comer. Difícilmente llegarían a reproducirse.

Así, los supervivientes serían aquellos que tuvieran la mutación. Y sus hijos heredarían dicha mutación. Aquellos que, por cuestiones probabilísticas —esto también lo calculó Mendel— salieran en doble recesivo, no tendrían tanta suerte.

Y de este modo, generación tras generación, se fue repitiendo el proceso.

Esta mutación, actualmente, es muy rara en las comunidades que no tuvieron tradición de pastoreo, como en China. En la África subsahariana también es bajo el porcentaje de personas que toleran la lactosa, menos en algunas comunidades con tradición de pastoreo. Lo mismo sucede en Japón, Asia central o en las comunidades aborígenes de Australia o América. En Europa, cuanto más al norte más porcentaje de tolerancia a la lactosa hay. Mientras que en Noruega la tasa de adultos que toman leche llega casi al 95%, en Italia ronda el 50%. Como resultado de esto, la prevalencia de la intolerancia de la lactosa a nivel mundial varía ampliamente dependiendo principalmente del origen étnico.
Fuente

Esto se debe a las diferencias de presión selectiva. Aquellas comunidades que no tuvieron ese tipo de tradición no se veían presionados por el ambiente en este carácter en concreto, y por tanto, la mutación no se veía favorecida de ninguna forma. Así, tan solo los que sufrieran la mutación de novo, y aquellos que la heredaran por la mera deriva genética serían portadores del gen mutado.

Si en tu pueblo no se toma leche, tener el gen no beneficia a nadie; en estos ambientes sería una mutación neutra.

Sin embargo, en aquellos casos en que la actividad de pastoreo fuera intensa, la presión selectiva actuaba muy fuerte sobre los individuos, viéndose muy favorecidos. En estos casos, ser mutante proporcionaba una fuerte ventaja.

Podéis encontrar más información en el artículo de Nature: La revolución de la leche (Curry, 2013)

Continúa en la tercera parte.
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