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lunes, 23 de marzo de 2015

1ª Parte - La homosexualidad no es un trastorno

            Seguramente has escuchado a algún conocido decir alguna vez que una sustancia sin principio activo funciona gracias a la mágica propiedad de memoria que posee el agua; que la acupuntura o el reiki poseen el potencial de equilibrar los chakras de tu cuerpo o que cualquier cáncer puede ser curado empleando una planta milagrosa. Hay quienes incluso creen que el simple masaje de las extremidades, la nariz o las orejas alivia enfermedades cuya etiología es completamente ajena a la estimulación de dichas partes del cuerpo. El mundo de las pseudoterapias recoge un amplio y ridículo abanico de irracionales e injustificados procedimientos sin aval científico de eficacia que, aprovechándose de la desesperación o ingenuidad de quienes quieren creer en ellas, se propaga y establece con fuerza en la sociedad.

            Sin embargo, en su ilimitada mediocridad racional y ética, los promotores de estos disparates no se conforman con vaticinar la sanación sobrenatural de enfermedades bien conocidas. Ahora hay quienes, cegados por sus infundadas creencias, fantasean nuevas patologías no oficialmente reconocidas para luego proponer otro descabezado método de curación o prevención. En esta última categoría radica, por ejemplo, la hipersensibilidad electromagnética. La poca gente que manifiesta padecer este supuesto trastorno presenta una compleja sintomatología que bien podría encajar en un cuadro psicosomático, pero prefiere ignorar o subestimar esta información reafirmándose en su credo particular: las radiaciones electromagnéticas perjudican gravemente la salud.

            Tan convencidos están de ello que emplean absurdas medidas preventivas para evitar los síntomas, tales como desenchufar todo aparato eléctrico del hogar, rehusar de todo objeto que incorpore material metálico o sintético y cubrirse el cuerpo con una capa de papel de aluminio o una cota de malla de plata. Aquí, el efecto nocebo [1] se manifiesta de igual manera que en su homóloga química, que en este caso es atribuida a la exposición del organismo a bajas dosis de sustancias químicas artificiales.

            Pero en esta ocasión no escribo para refutar la eficacia de estas prácticas ni para demostrar la inexistencia de dichas patologías. De hecho, éstas han sido concienzudamente desmentidas en este mismo blog, como la medicina homeopática (que es un oxímoron).
            Voy a concentrarme, pues, en analizar otro inexistente trastorno del que ya se ha hablado en este blog (aunque superficialmente) y para el que también se ofrece una curación innecesaria.

La homosexualidad
            No son pocas las sociedades [2], generalmente con tendencias religiosas, que recomiendan un tipo de terapia enfocada a modificar la inclinación sexual de aquellas personas a las que consideran desviados sexuales. En principio, esta empresa constituiría una iniciativa tolerable si habláramos de terapias para tratar trastornos parafílicos como el exhibicionismo, el frotteurismo [3], el sadismo sexual o la pedofilia. Pero, desgraciadamente, el comportamiento que estas organizaciones consideran desviado y que debe ser tratado es el acto homosexual, una conducta que, a diferencia de las manifestadas anteriormente, no es reconocida por el DSM-V ni por la CIE-10, los principales manuales de clasificación de trastornos mentales y enfermedades de referencia.

            Aun así, la actitud de las comunidades religiosas permanece inmutable e incluso se radicaliza. Por ejemplo, en algunos documentos eclesiásticos se suele reemplazar el término “atracción sexual hacia el mismo sexo” por el acrónimo AMS en lo que constituye un lamentable intento de identificar la homosexualidad como un desorden.

¿Es una enfermedad o un trastorno mental?

            Generalmente, una enfermedad constituye algún tipo de alteración fisiológica que se traduce en síntomas o signos. No obstante, ningún tipo de orientación sexual es intrínsecamente atribuida a una alteración que preceda a síntomas o signos que impidan alcanzar un estado de completo bienestar físico, mental y social.

            Por otra parte, los trastornos mentales implican alteraciones comportamentales que subyacen a aspectos afectivos y cognitivos y son acompañados de una discapacidad o malestar asociados. Sin embargo, tampoco existe evidencia alguna de que desarrollar una vida en consonancia con una determinada orientación sexual represente una limitación para el progreso afectivo o cognitivo ni resulte ser una causa de malestar psicológico.

            De hecho, la Organización Mundial de la Salud considera que el verdadero trastorno mental consiste en no aceptar la orientación sexual de uno mismo (orientación sexual egodistónica).

Entonces, ¿tampoco es un trastorno mental?


La Asociación Americana de Psicología lo deja bien claro:

            No. Los psicólogos, psiquiatras y otros profesionales de la salud mental concuerdan en que la homosexualidad no es una enfermedad, un trastorno mental ni un problema emocional. Más de 35 años de investigación científica objetiva y bien diseñada han demostrado que la homosexualidad, en sí misma, no se asocia con trastornos mentales ni problemas emocionales o sociales. Se creía que la homosexualidad era una enfermedad mental porque los profesionales de la salud mental y la sociedad tenían información tendenciosa.
            En el pasado, los estudios sobre personas gay, lesbianas y bisexuales incluían sólo aquellos bajo terapia, creando así una tendencia en las conclusiones resultantes. Cuando los investigadores examinaron los datos sobre dichas personas que no estaban bajo terapia, se descubrió rápidamente que la idea de que la homosexualidad era una enfermedad mental no era cierta.


            En la actualidad, ninguna institución científica, médica o psicológica seria y académicamente reconocida razona que la homosexualidad deba considerarse una enfermedad o un trastorno mental. Por el contrario, son solo ciertos grupos con ideologías religiosas las que muestran una opinión que difiere del consenso científico.

           Como todos sabemos, los cristianos profesan una particular concepción moral que les lleva a considerar la homosexualidad como una condición poco menos que depravada. Sin ir más lejos, el Catecismo de la Iglesia Católica recoge entre sus líneas que:

 2357 Los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados; son contrarios a la ley natural, cierran el acto sexual al don de la vida y no proceden de una complementariedad afectiva y sexual verdadera, por lo que no pueden recibir aprobación en ningún caso.

            Y… ¿es esto cierto? Vayamos por partes:


1. Los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. Para empezar, ¿qué es un desorden? Un desorden es un trastorno mental por lo que, remitiéndonos a lo dilucidado anteriormente, confirmamos que esta afirmación es falsa. Ningún estudio serio reporta que la homosexualidad conduzca a un estado de malestar psicológico o conflicto afectivo por sí misma. Si bien es cierto que se ha encontrado un mayor porcentaje de morbilidad psiquiátrica en homosexuales (Cochran, 2003Meyer, 2003), son las circunstancias marginales desencadenadas por los prejuicios, la discriminación y la estigmatización las que se erigen como su causa (McCabe, 2010Bostwick, 2014). De hecho, estas mismas causas y otras, como la falta de apoyo y la presión social, son las responsables de que muchos chicos sean reticentes a mostrar su verdadera identidad sexual. 

            La Asociación Americana de Psicología vuelve, por si fuera necesario, a sacarnos de dudas: “Al igual que la mayoría de los jóvenes heterosexuales, la mayoría de las personas jóvenes lesbianas, gais y bisexuales son personas saludables que tienen vínculos significativos con sus familias, padres, escuelas e instituciones religiosas y hacen contribuciones a las mismas.”

2. Son contrarios a la ley natural. Este concepto alude a la concepción de que todo ser humano lleva en su naturaleza una única noción de lo que está bien y mal. La doctrina cristiana sostiene que la moralidad procede de Dios, es universal e innata y se encuentra escrita en la biblia. Y todos conocemos lo que la biblia refiere respecto a la consideración que merece el acto homosexual: (…) de igual modo los hombres, abandonando las relaciones naturales con la mujer, se abrasaron en sus deseos, unos de otros, cometiendo la infamia de las relaciones de hombres con hombres.[4]

            No obstante, hoy día conocemos que la moralidad no es estática ni universal sino que evoluciona con el tiempo y se manifiesta de distinta forma en las diferentes culturas del mundo. Es decir, un acto que es considerado moralmente reprobable en nuestro contexto cultural puede ser recibido con indiferencia o incluso con sentimiento de justicia en otro lugar. Pero este es un tema un tanto extenso que me gustaría tratar en otro momento.

            Volviendo al concepto de ley natural, cabe mencionar que tan solo puede discurrir en un contexto religioso, por lo que no tiene mucho sentido rebatirlo desde un punto de vista racional o científico.

            Sin embargo, si por natural entendemos “perteneciente o relativo a la naturaleza”, comprobamos que no tiene sentido catalogar el acto homosexual como una actividad contraria a ella puesto que esta ha sido observada en más de 1.500 especies, según el Museo de Historia Natural de la Universidad de Oslo.

3. No proceden de una complementariedad afectiva y sexual verdadera. No es cierto; un homosexual puede establecer una vida de plenitud afectiva y sexual con su pareja e incluso ser buenos padres, como veremos más adelante. 

            Hasta aquí la primera parte, en la que hemos justificado por qué no existe motivo, más allá de un punto de vista religioso, para reconocer en la homosexualidad algún tipo de patología intrínseca. En la segunda extrapolaremos las consecuencias de esta orientación sexual a terceras personas, analizando las repercusiones que implica para el desarrollo del niño crecer en un contexto homoparental.
[1]  Aparición o empeoramiento de una sintomatología por la expectativa, consciente o no, de los efectos negativos que se tienen sobre algo.
[2] NARTHHomosexuality & HopeCourageRC.netChristian anthropology and homosexuality
[3] Excitación sexual intensa y recurrente derivada de los tocamientos o fricción contra una persona sin su consentimiento.
[4] (Romanos 1:27); La Sagrada Biblia de la CEE.

4 contribuciones:

carlll dijo...

La homosexualidad si es un trantorno sexual, es bien sabido por la comunidad científica que la salida de data patología del listado de la DSM fue producto de una votación influenciada por el lobby gay, el 58% de los psiquiatras voto a favor y 42 % en contra, un escándalo dado que se basó en una desicion más bien política y maniobrada por el lobby lgtbi el cual impedía prácticamente las reuniones de la APA, con amenazas o interrupciones. Decir que porque una gran parte de los homosexuales se siente bien con su oritentacion entonces es normal es algo falso, si nos vamos a otras culturas donde la pedofilia es normal entonces diríamos que ser pedófilo no es ninguna alteración. Hay causas demostradas como por ejemplo los abusos sexuales que producen no sólo dinsfunciones sexuales sino transtornoa tales que pueden alterar el normal desarrollo sexual del menor. Así que influencias de tipo social, pueden cambiar la orientacion sexual normal de la persona. La naturaleza no es otra excusa, el decir que porque hay animales con prácticas homosexuales indica que sea normal es una barbaridad, es como decir que si un león mata a los cachorros de una manada para ser el líder entonces sea bueno. El hombre no es un animal sin razón, entiende , analiza, observa, aprende y está guiado por normas sociales que deben ser objetivas no subjetivas. En conclusión el homosexual si es una persona que presenta un transtorno en su área sexual que dependiendo de la sociedad que lo permite o que lo incentiva decidirá si quiere o no un cambio, pero que es algo anormal y patológico de eso no cabe la menor duda

Vary Ingweion dijo...

Voy a ser breve con una respuesta preliminar, luego el autor del artículo supongo que contestará de forma más extendida.

1º. Lo que es o no considerado enfermedad no se elige por votación popular de la mayoría, sino por consenso científico.

2º. Una enfermedad es una condición que reduce o elimina la salud; no hay ni una sola reducción en la salud asociada a ninguna determinada orientación sexual; no es una enfermedad aunque a ti no te guste.

3º. La pedofilia llevada a práctica produce un perjuicio o daño sobre terceras personas —niños en este caso—; algo que no sucede con la homosexualidad. No son comparaciones válidas.

4º. La orientación sexual es un carácter que combina dos tipos de factores causales, ambientales y biológicos, siendo los más importantes los segundos. Se ha descubierto que la genética, así como el entorno hormonal en el saco amniótico durante el desarrollo embrionario y fetal son clave para el establecimiento de la orientación sexual, estando, siempre según esas investigaciones, el aspecto ambiental más en un segundo plano.

5º. El argumento naturalista no se ha empleado para decir que "algo es bueno". En ciencia raras veces se definen las cosas como buenas o malas, porque eso es altamente subjetivo. El argumento naturalista se ha empleado en el texto para refutar el erróneo argumento eclesiástico de que "la homosexualidad es antinatural". En este caso, el fallo que has cometido no es de fondo, sino de mera comprensión lectora. Harías bien en volver a leer el artículo.

6º. Que tengas capacidad de raciocinio no significa que debas actuar en contra de tus preferencias sexuales.

7º. «de eso no cabe la menor duda» -- Y una mierda. En ciencia siempre cabe la duda. Si aquello que afirmas es cierto, las evidencias empíricas te darán la razón. De lo contrario, si no lo es, las pruebas te desenmascararán ellas solas. Decir «no cabe la menor duda» es una curiosa forma de intentar eludir la búsqueda de evidencias. Pero cuando buscas esas pruebas empíricas, encuentras que, efectivamente, estás equivocado.

Un regalo.
http://web.archive.org/web/20130808032050/http://www.apa.org/helpcenter/sexual-orientation.aspx

Y ahora dejo al autor del artículo que conteste, que seguro que sabe mucho más que yo sobre estos aspectos.

Neuro Psycho dijo...

1. El criterio de trastorno sexual no se corresponde con ningún tipo de desviación que englobe la orientación o impulso patológico sexual de la persona sino el malestar o la dificultad durante el desarrollo de las relaciones íntimas interpersonales. Dentro de esta categoría se encuentra la eyaculación precoz, los problemas de erección, de dolor o incomodidad durante el coito, la falta de apetito sexual, etc. Es decir, viene siendo lo que se conoce como disfunciones sexuales, que es como lo ha rebautizado el DSM V. De esta manera, difícilmente puedes incluir la homosexualidad en esta categoría por lo que vas a tener que inventarte una nueva o incluirla dentro de las desviaciones sexuales o parafilias. Y esta última opción es imposible porque un requisito común es la manifestación de malestar psicológico o deterioro social derivado de la práctica de dicha actividad sexual.

2. A mí me da exactamente igual la presión social que una minoría ejerció hace montonazo de años para revisar la clasificación de la homosexualidad en el manual porque lo que verdaderamente importa es la evidencia científica disponible en la actualidad. De todas maneras, no hay que olvidar que por aquella época la investigación científica estaba metodológicamente sesgada y la influencia de la religión con su concepto tradicional de familia (que suponía la exaltación de los prejuicios relacionados con la comunidad gay, y más en USA) jugó un importante papel en lo que debiera considerarse como una desviación o perversión sexual. Aun así, la ausencia de evidencia empírica se sobrepuso a estos prejuicios y hoy día no existe disenso sino consenso. Han pasado 40 años en los que la investigación no ha encontrado razones para considerar que el sentimiento de atracción sexual de una persona hacia otra de su mismo sexo sea intrínsecamente perjudicial para su propia calidad de vida o para los demás. Hay millones de parejas homosexuales en el mundo que disfrutan de su relación y gozan de plena salud sin estorbar a nadie.

Y la APA lo explica muy bien: “Más de 35 años de investigación científica objetiva y bien diseñada han demostrado que la homosexualidad, en sí misma, no se asocia con trastornos mentales ni problemas emocionales o sociales. Se creía que la homosexualidad era una enfermedad mental porque los profesionales de la salud mental y la sociedad tenían información tendenciosa. En el pasado, los estudios sobre personas gay, lesbianas y bisexuales incluían sólo aquellos bajo terapia, creando así una tendencia en las conclusiones resultantes. Cuando los investigadores examinaron los datos sobre dichas personas que no estaban bajo terapia, se descubrió rápidamente que la idea de que la homosexualidad era una enfermedad mental no era cierta.”

Neuro Psycho dijo...

3. “Decir que porque una gran parte de los homosexuales se siente bien con su orientación entonces normal es algo falso”. En primer lugar, nunca he declarado tal cosa. La homosexualidad no es una condición normal, más bien todo lo contrario considerando que se manifiesta en un pequeño porcentaje de la población (1-3 % aproximadamente). En segundo lugar, el criterio para la clasificación de un trastorno exige que este suponga un malestar psicológico clínicamente significativo o un problema en el ámbito social, laboral o en otro campo importante de la vida. La homosexualidad no implica ninguno de los dos mientras que el trastorno de pedofilia lo cumple, al menos, para el segundo. Por tanto, la analogía que has empleado entre ambas, además de ridícula, no se ajusta al criterio que yo he empleado.

4. “(…) las influencia de tipo social pueden cambiar la orientación sexual de una persona”. Esta hipótesis no se ha demostrado. La socialización del individuo puede influir tanto en su identidad sexual como en su orientación tal y como se desprende de algunos estudios realizados en chicos que han nacido o sufrido problemas urogenitales y que han sido acomodados a un rol de género desde una edad temprana pero de ninguna manera se ha probado que los acontecimientos posteriores de la vida puedan modificarla y mucho menos algún tipo de terapia. De la misma manera, los abusos sexuales durante la niñez se han asociado a las distintas minorías sexuales (aunque solo en varones) pero correlación no implica causación (también se ha encontrado mayor maltrato físico) y en estos casos existe un problema para distinguir entre lo que es solo una confusión sexual y lo que es orientación sexual real. En todo caso, el abuso se suele producir cuando la orientación sexual del chico no está bien establecida y por tanto dudo mucho que podamos hablar de “cambio”. Además, la consideración de un trastorno no deriva de su origen sino de sus implicaciones intrínsecas para la salud.

5. En ningún momento he dicho que la homosexualidad deba considerarse moralmente aceptable por el simple hecho de manifestarse regularmente en otras especies sino que esto refuta la típica afirmación de que ser homosexual va contra la naturaleza.

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