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jueves, 7 de marzo de 2013

Cota de malla de plata (II)

Continuación de «Cota de malla de plata (I)»



¿Qué hay de verdad en todo esto?

Primero hay que empezar a definir qué es una onda electromagnética. Es la forma de propagación de la energía a través del espacio. Es decir, es el aspecto que tiene la energía cuando se mueve de un sitio a otro. Esa energía genera vibraciones en los átomos de una molécula, calentándola, y en ocasiones puede generar otros efectos.

Las ondas electromagnéticas viajan siempre a la misma velocidad en función del material que atraviesen, siendo ésta máxima en el vacío. Ésta es la velocidad de la luz. 

Además, estas ondas tienen una longitud. Igual que las ondas de un estanque al tirar una piedra, podemos considerar que las ondas electromagnéticas tienen una cresta y un valle. Consideramos la longitud de onda como la distancia que hay entre una cresta y la siguiente cresta. 

Por otro lado, podemos hablar también de la frecuencia, que es el número de ondas que llegan en una unidad de tiempo. De este modo, como la velocidad es constante, una onda larga tiene una baja frecuencia, mientras que una onda corta presenta alta frecuencia.

Con esa frecuencia podemos hacer un cálculo de la energía que es transmitida. Una onda electromagnética que emite muchos pulsos en poco tiempo —alta frecuencia, baja longitud— tiene la capacidad de transmitir mucha energía, mientras que una onda que transmite muy pocos pulsos en mucho tiempo —baja frecuencia, ondas largas— transmite poca energía.

… Todo esto es muy bonito, pero hablar de tiempos sin establecer, distancias sin establecer, y energías sin establecer, queda demasiado relativo-comparativo. Así que vamos a empezar a estandarizar estos valores.

Y lo más fácil es empezar por lo que podemos ver. Que es la luz. Como todos sabemos, la luz blanca que recibimos del sol, si la pasamos por un prisma, se divide en siete colores —el arco iris—. Esto ocurre porque el prisma nos divide el espectro de la luz en función de las longitudes de onda. Así podemos ver, hablando en longitudes de onda, desde 380 nm (violeta) hasta los 750 nm (rojo).
Espectro electromagnético

Las longitudes de onda que quedan por debajo de los 380 nm son denominadas longitudes ultravioletas —que están en una frecuencia superior al violeta— mientras que las que tienen una longitud de onda superior a 750 nm se las denomina infrarrojas —que tienen una frecuencia menor al rojo—.

Las radiaciones ultravioletas tienen más energía que la luz visible, y tienen la capacidad de alterar las macromoléculas como el ADN, pudiendo causar mutaciones.

Por encima de ellas en frecuencia existen los llamados rayos x, que llevan aún más energía y son también más peligrosos.

Por encima de estos rayos x tenemos los rayos gamma. Éstos últimos, dada su baja longitud de onda, son capaces de penetrar de forma muy eficiente, y pueden alterar la naturaleza de los átomos mismos.

Estas radiaciones que pueden alterar estructuras moleculares y/o atómicas, reciben el nombre de radiaciones ionizantes. La luz, y todas las que van hacia el infrarrojo, por el contrario, son las no-ionizantes.


Hacia el otro lado tenemos la radiación infrarroja. Ésta es emitida principalmente junto con el calor, tiene menos energía que la luz visible, y no es capaz de modificar la naturaleza bioquímica de ningún modo. Esta radiación, y las que siguen en esta dirección, sólo son capaces de generar vibraciones en los átomos y calentarlos, pero no llegan a alterar ni átomos mi moléculas. 

Por debajo de la infrarroja, en lo que se refiere a frecuencia, nos encontramos con las microondas. Éstas son de aún menor energía, y se utilizan eficientemente como método de calentado de alimentos, dada su alta capacidad de penetrar en los tejidos. No generan ningún cambio molecular ni atómico más allá del aporte de calor. De ahí que a las microondas y a las infrarrojas se las incluya en el grupo de ondas de efectos térmicos.

Aún por debajo en frecuencia de estas microondas, aparecen las ondas de radio. Éstas transmiten aún menos energía, y por tanto, el efecto de vibración es aún mucho menor. No son apenas capaces de calentar, la energía que transmiten es insignificante,… y las utilizamos principalmente como medio de transmisión de información.

Un teléfono móvil utiliza simultáneamente dos tipos de ondas. Ondas de radio de muy baja frecuencia, y ondas de radio de muy alta frecuencia, en el límite con las microondas. Éste último tipo de onda es la que debemos tener en el punto de mira, ya que una elevada potencia de esta radiación podría provocar quemaduras y sobrecalentamientos. Según los estudios realizados, una potencia de 4 W puede calentar 1 Kg de materia orgánica 1ºC en 6 minutos. Pero mientras que un horno microondas utiliza estas ondas en una potencia de varios cientos de wattios, el límite de seguridad considerado según la ley para la telefonía móvil es de 0,08 W/Kg. A esa potencia, se tardaría cinco horas en calentar 1 Kg de materia orgánica 1ºC. 

E incluso aunque se tornara peligroso en este aspecto, nos encontraríamos con un diagnóstico muy claro: aquellos efectos que se resuelven por la exposición a altas temperaturas, y no «dolor de cabeza, mareos, cansancio crónico, fallos de memoria, confusión mental,…».

Continuará...

2 contribuciones:

Renik dijo...

Hace tiempo estaba con un amigo y me comentó un rumor que dice que las antenas de telefonía causan cáncer, en concreto leucemia. Amén que se ha divulgado por bastantes sitio, y si no recuerdo mal, incluso ha salido en las noticias, en concreto una que decían que había bastantes niños en una guardería que sufrían leucemia, y tenían una torre de telefonía cerca.

A mi amigo le expliqué exactamente lo que has explicado terminando diciendo que así no es posible que generen leucemia, ya que pienso que estas antenas en concreto, no pueden hacerlo.

¿qué opinas?, pienso que sería interesante que algún día hablaras de ello si no lo has hecho ya.

Vary Ingweion dijo...

El colegio al que haces referencia probablemente sea el García Quintana, en Valladolid. Yo iba a un colegio que está a menos de 150 metros. ¡¡Vaya revuelo que había formado al respecto!!

Lo cierto es que es que nadie ha demostrado científicamente que haya una correlación entre la presencia de antenas de telefonía con la leucemia infantil, y no hay ninguna forma mediante la cual, una radiofrecuencia —baja longitud de onda— provoque efectos adversos a nivel metabólico o celular, más allá de un leve calentamiento. La luz visible es mucho más dañina.

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