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martes, 12 de febrero de 2013

Bacterias brutales

Hace unas semanas descubrí una cosa bastante curiosa en un kiosco. Son unos sobres de esos que suelen venir con cromos coleccionables, y esas cosas… de bacterias. Su nombre: Brutal Bakteria. No pude evitar comprar alguno, para mirar a ver qué traían.

Cada uno de los sobres contiene un juguete, un cromo, un cuadernillo y tres pegatinas. Parece poca cosa, para los tres euros que cuesta; el precio es uno de los inconvenientes. El otro, en opinión personal, es que el juguete es de esos pegajoso-lamigosos que se pegan a las paredes, y se les queda pegada cualquier partícula de porquería… por lo que me parece un artículo bastante antihigiénico, e incluso desagradable al tacto.

Y las pegatinas son siempre iguales, en todos los sobres las tres mismas pegatinas.

Pero por lo demás, la idea me gusta mucho. ¿Por qué? Os lo explicaré. La colección completa consta de once bacterias y un… ¿antibiótico?, que no comprendo muy bien lo que representan en el juguete en cuestión —porque ese no me ha tocado—. Cada bacteria de juguete viene, como he dicho, con un cromo y un cuadernillo. En el cuadernillo viene un miniposter de 10x18 cm de un modelo a ordenador de la bacteria en cuestión, y en multilenguaje, una explicación general —común en todas las bacterias— de lo que es una bacteria, otra explicación de la bacteria particular, y la explicación de un juego relacionado con los cromos. En éstos —los Microlab Card—, por su parte, aparece en fondo transparente el mismo modelo en el centro, y luego por un lado aparece información adicional —el nombre científico, la clase bacteriana a la que pertenece, y la forma de la bacteria—, mientras que por la otra cara aparecen los parámetros del juego.

Los textos, aún estando escritos en un lenguaje comprensible por los niños, es riguroso y correcto. Algo que siempre es de agradecer, y que convierte al kit en un juguete educativo, al fin y al cabo.

El texto que aparece en general, en todos los cuadernillos —para que lo podáis leer— es:
«Dientes podridos, vómitos, oídos que segregan pus y también… diarrea. De todo ello son culpables los cocos, los espirilos, los vibrios, las espiroquetas y los bacilos: ¡las terribles bacterias! Existen más de un millar de tipos distintos y de las bacterias no puedes huir, se esconden prácticamente en todas partes: en el aire, en la tierra, en el agua y en el hielo. ¿No te lo crees porque no las ves? Coge una hormiga: es quinientas veces más grande que la bacteria de mayor tamaño y cinco mil veces que la más pequeña. Debes saber que se esconden en cualquier sitio, incluso en plantas y animales y otras incluso en los alimentos. Sin embargo no todas tienen efectos desastrosos: ¿has comido un yogur alguna vez? ¡Ahí hay miles y son buenísimas!»
Y termina con una frase publicitaria, claro. Lo bueno de este texto es que, aunque al principio te hablan de los problemas que pueden causar, al final te terminan aclarando que no todas las bacterias son malas…

Los textos particulares de las bacterias en cuestión son del mismo estilo, bien explicados en un lenguaje comprensible por cualquiera, y rigurosos científicamente hablando —aunque cometen errores de formato cuando hablan de nombres científicos—.

A mi me tocaron Chlamidia trachomatis, Clostridium tetani, Haemophylus influenzas y Staphilococcus aureus, que son, en la colección, los números 4, 5, 7 y 9 de 12 que son en total.

Mi voto, en general, es positivo.

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