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domingo, 18 de diciembre de 2011

Procambarus clarkii y su devastación (1. Introducción)

Empezando por hoy y con intención de actualizar todos los domingos (excepto el domingo día 1, que se corresponde con una planta del mes), voy a aportar ahora mismo un par de nuevos temas que irán alternándose cada semana. El que empieza hoy es la invasión biológica de Procambarus clarkii.
Todo lo que expongo en estos (probablemente) seis posts pertenece a un trabajo que hice hace años sobre este peligrosisimo invasor.
Comencemos.
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Muchas especies de plantas y animales son transportadas voluntaria o involuntariamente fuera de su área original por los seres humanos. Las causas por las que se producen introducciones pueden ser variadas: para acuicultura deportiva, para la mejora de stocks, por motivo ornamental, con función de control biológico o por accidente. No hay que olvidar las introducciones involuntarias de seres vivos objeto de la experimentación científica (como el caso de la introducción de la polilla gitana defoliadora de los árboles caducifolios en EEUU realizada por un investigador en 1869). Algunas de ellas pueden desplazar a las autóctonas, interfiriendo en el funcionamiento de los ecosistemas receptores (Castro-Diez et al. 2004), aunque los impactos producidos pueden resumirse en los siguientes: alteración del hábitat, alteraciones tróficas, alteraciones espaciales, introducción de parásitos, patógenos y enfermedades, deterioro genético a través de la hibridación con la población local y los efectos socioeconómicos. En definitiva, causa un efecto homogeneizador de la biocenosis del planeta. Aunque los científicos llevan décadas estudiándolas y advirtiendo sobre sus efectos, sólo recientemente las administraciones y los responsables de espacios naturales han empezado a tomar conciencia de las amenazas ambientales y socioeconómicas que suponen y actuar en consecuencia (Castro-Diez et al. 2004).

Hablamos de invasiones biológicas cuando especies de origen remoto alcanzan un nuevo territorio y se propagan por él a gran velocidad, alterando la estructura y funcionamiento del ecosistema receptor y causando daños ecológicos y socioeconómicos (Mooney y Hobbs in Castro-Diez et al. 2004). España padece de un incremento continuado de especies exóticas en todos los grupos taxonómicos, tanto de plantas como de animales (Vilà et al. in Castro-Diez et al. 2004). Es un riesgo inducido de gran importancia para los ecosistemas y puede causar desastres a nivel ecológico, y también a niveles socioeconómicos.

Procambarus clarkii ©Á. Bayón
Es en los ríos donde se produce en mayor grado este fenómeno; hasta una cuarta parte de los peces de río son especies extranjeras que se han adaptado al nuevo ambiente desplazando en muchos casos a las especies autóctonas. La introducción de una especie puede desencadenar varias situaciones: la desaparición de una o varias especies autóctonas con o sin efecto en el nicho de otras especies nativas similares, la desaparición de una o varias especies por alteración de la cadena trófica o del ecosistema, o bien el fracaso de la propia especie invasora. Ello depende de entre otros factores, del estado del ecosistema. En este caso puede aplicarse el Paradigma de McArthur y Wilson que asegura que “el éxito de una especie exótica viene determinado por el binomio colonización-extinción (nicho vacío-ocupado, nicho fundamental-realizado y cambio ontogénico del nicho)”. Cuanto mayor es el número de especies de la comunidad nativa menor es el de nichos disponibles. El número de especies capaces de ser acogidas es función de la diversidad de hábitat y concentración de recursos. Una comunidad rica en especies y estructurada es más resistente a la invasión y la competencia.

Por otro lado, las especies invasoras suelen manifestar una gran flexibilidad ecológica y a veces incluso modifican su modo de vida y su régimen alimentario, esto es, que su comportamiento es diferente al que presenta en su lugar de origen.

En este trabajo nos centraremos en el análisis de la introducción del cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii) en las aguas continentales de la Península Ibérica. Este cangrejo, también llamado cangrejo de Louisiana, es un decápodo de la familia Cambaricidae, generalista, introducido en Europa por primera vez en España en el año 1974 (Gutiérrez-Yurrita et al., 1999); desde entonces se ha expandido a la práctica totalidad de Europa. Se trata de una de las especies que está provocando la inminente extinción del cangrejo autóctono (Austropotamobius pallipes) y una grave causa de la destrucción de los ecosistemas leníticos de nuestros territorios. Está considerado como una de las 20 especies exóticas invasoras más peligrosas de la Península Ibérica; otras de ellas que también afectan a los medios acuáticos son la gambusia (Gambusia holbrooki), la tortuga de Florida (Trachemys scripta subsp. elegans), el helecho de agua (Azolla caroliniana = A. filiculoides), el cangrejo señal (Pacifastacus leniusculus), el jacinto de agua (Eichhornia crassipes) o el mejillón cebra (Droissena polimorpha) (GEIB. 2006).

(Bibliografía)
(Artículo completo)

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